Historia(s)

 

Nos vinimos a vivir a Can Ribas hace casi treinta años. Hasta entonces pasábamos los fines de semana y las vacaciones. Se cuidaba del huerto y los animales que abastecían los productos de la familiar Fonda Europa de Granollers. Diversión en estado puro cuando nos juntábamos todos. Escuchar las batallas del oficio, las historietas nocturnas de mis tías, las clases de cocina del abuelo, las anécdotas que se repetían tras generacions de forasteros alojados en la Fona Europa. Todo era puro aprendizaje de vida. A esos años les debo tanto!

 

Esta era la cocina de la familia dónde todos alrededor de ella recibíamos de improviso alguna que otra instrucción culinaria exprés de Paco Parellada, el abuelo, y que debíamos atender sin rechistar. Cuánto lo agradezco hoy! De todo esto, no me olvido.

Fotos: Pablo Ricciardulli

Invierno de 1977. Quién imaginaba en esa época que por esta entrada dónde apenas se intuyen unos cipreses recién plantados, pasarían tantas cosas… ufff, sentimientos encontrados al recordar. Mucho esfuerzo, empeño, sacrificio, sufrimiento que también, alguna pequeña satisfacción pero sobretodo mucha pasión hicieron falta para que Can Ribas sea hoy vuestra casa. Y por ese camino de arena, vivimos hoy los momentos más intensos, bonitos y emotivos de la vida de unos novios. Os confieso que tengo un nudo en la garganta… La chica de rojo es mi madre con Ada, su hermana pequeña que podría ser mi hermana mayor, o por lo menos este era el trato que teníamos. Los abuelos estaban demasiado ocupados en la Fonda Europa y entre ellas había seis más… La enana del fondo soy yo, ignorante que 40 años más tarde os estaría contando nuestras cosas, nuestra vida, nuestra historia.

Sin ni siquiera intuir la primera celebración, mis padres aceptaron la llamada de mis abuelos. Era una masía demasiado grande para ellos solos. En esa época Can Ribas era una casa vieja, más por dentro que por fuera. El día que salía agua caliente de las tuberías gritábamos de emoción. Ahora me río, antes no.

Otoño de 1981. De este Can Ribas es de dónde venimos, orgullosa con una abuela yeyé que sólo ella con su bikini en pleno noviembre era capaz de lucir, buscando el sol que le daba la energía (decía) para seguir planeando este jardín que ya empezaba a intuirse. Me tocó ser la nieta mayor de una familia numerosa, crecí como una más empapándome de vida, experiencias e historia de una familia entregada al oficio. Siempre entre cazuelas humeantes, viandas al fuego y olores de todo tipo de cocciones.

 

 

Me permito compartir una historia con vosotros que está impresa en cada flor de esta casa, en cada decisión tomada, en los genes de mis padres, en todo lo aprendido de ellos y ellos de los otros, y así hasta 7 generaciones que son 200 años de historia, evolucionando, adaptando el presente para ir al futuro con la perseverancia necesaria para avanzar con pie firme. Yo sólo lo cuento, la magia está en todos ellos.

Juntar las tres generaciones, un reto. Todos emprendedores, todos intensos, aunque todos con el oficio en las venas, incluso mi padre que aún viniendo del téxtil parecía que había nacido para ello. Al fin y al cabo es un maestro de la hospitalidad. Y hasta hoy. Estoy segurísima que mi abuela está feliz viendo lo preciosa que está la casa, en lo que se ha convertido, y orgullosa como ya lo estaba de su familia y del empeño incansable de su yerno para seguir dignificando el oficio. Detrás de todo esto hay mucho esfuerzo y lucha diaria. Pero estos cipreses que ella plantó con tanta ilusión siguen brillando.

Foto: Pablo Ricciardulli

Todos los días, al irme de Can Ribas, me doy la vuelta para quedarme con esta imagen. Y siempre sale una sonrisa. Esta es mi recompensa.

 

Sí, tenemos mucha historia, pero sobretodo tenemos historias que contar, las vuestras.


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