To the black-dressed people

On a wedding day, all eyes are set on the white-dressed person. Let’s not try to deny it: she’s the topic of the day. And she has to, indeed.

But, for once, we’ll move from the white to the black-dressed ones.

Black-dressed people are the ones to welcome you home when you first step-and you first fall for- this stone. Are the ones to know you’ve found the place before you do so.  The ones to say “yes, we’ll do that” when you’re still thinking “I don’t know…I’d love to and I’ve always wanted to, but won’t that be crazy?”. They are the hands, they are the heart.

They are these eyes saying “don’t worry, it will be fine”. They are in the other side of the telephone any day at any time. They worry for you to eat, to breath. They bring you peace.  They make everything run so that you can enjoy every second, every kiss, every song…with everyone.

They live your special day as it was the most important in their lifes. And their job is to stay back in the rear so that no one notices them, so that all eyes are set on the white-dressed one.

Ese día la que va de blanco centra todas las miradas. No tratemos de negarlo: ella es de quién todo el mundo habla.

Pero, por esta vez, queremos desviar la mirada: de la que viste blanco a los que visten negro.

Los que visten negro son los que te hacen sentir en casa desde que pisas esta entrada, desde que te enamoras de ella. Son los que saben que has encontrado el lugar antes que tú te hayas dado cuenta. Son los que dicen “sí, vamos a hacerlo” mientras tú aún piensas “Me encantaría hacer eso per no sé… ¿no será una tontería?”.

Son las manos, el corazón.

Son unos ojos firmes diciéndote “no te preocupes, está todo controlado”. Son los que, en cualquier momento, responderán a tu llamada. Los que se preocupan para que comas, para que sonrías, para que respires tranquila; son tu serenar.

Lo tienen todo bajo control para que tu única preocupación sea disfrutar: disfrutar cada segundo, cada beso, cada canción.

Viven tu gran día como si fuera el más importante de sus vidas. Y lo viven ahí, en la retaguardia, para que la que va de blanco centre todas las miradas.

 

Fotos: Pablo Ricciardulli