El piar de los pájaros, el estallido de los colores y esas flores que nacen con timidez anunciando días más largos. Cuando llega la primavera, parece que algo se despierta en todos nosotros. El tiempo fluye más lento y los días se vuelven menos pesados, reglándonos el contexto ideal para las bodas de primavera.
En Can Ribas, el jardín y sus tonalidades invernales pasan a ofrecernos combinaciones de olores y colores espectaculares. Aunque cada estación en nuestra casa nos regala algo maravilloso, el renacer que trae consigo la primavera posee una simbología que nos hace guardarle un rincón especial de nuestro corazón.
El viaje para tus invitados comienza nada más cruzar la puerta de entrada. El camino que les conduce al parking ya les invita a olvidarse del mundo que queda ahí fuera, y vivir cada instante en Can Ribas con la intensidad que requiere.
Cuando lleguen a nuestra casa, que ya es también la vuestra, se encontraran con nuestros jardines. Imponentes e impolutos.
Y cuando llegue tu momento, novia de Can Ribas… Ay, cuando llegue… En primavera, los meses de marzo y abril, las tonalidades rojizas acompañan a los largos cipreses. Y te acompañan a ti en el camino al altar. Siempre es bonito, pero en primavera… es de ensueño.
Una vez casados, nos movemos al aperitivo. En nuestra terraza, por supuesto. Con los Cingles del Bertí de fondo y la luz del sol que se resiste a marchar, ahora que los días son más largos. Y montamos un Flower Corner, con las flores de la temporada, y vuestras invitadas se hacen sus ramos de primavera para llevarse como recuerdo de vuestro día.
Y coméis, reis bailáis… y disfrutáis como nunca… de vuestra boda en Can Ribas, una tarde de primavera.















