Si algo nos mueve en esta casa, es conseguir que el camino hacia el día de la boda sea tan bonito y tranquilo como el propio día. Que los nervios den paso al disfrute, a la confianza y a la certeza de estar en buenas manos. Y cuando leemos cómo lo han vivido nuestros novios, sentimos que todo el trabajo y el cariño cobran sentido.
Hoy les cedemos la palabra a Carla y Óscar, que celebraron su amor con nosotros el pasado 31 de mayo. Nadie mejor que ellos para contaros qué se siente al recorrer este viaje y convertirse en #NoviosdeCanRibas.
«Nos enamoramos de Can Ribas desde el primer día que entramos con el coche por el camino de bosque que lleva hasta la casa. Desde ese momento empecé a sentir que aquel lugar tenía algo especial. Fue al bajar del coche y empezar a caminar por el camino de cipreses cuando me emocioné y supe que era allí.
A partir de ese momento, visitamos otros lugares, pero ninguno conseguía transmitirnos lo que habíamos sentido en Can Ribas. Para nosotros no era solo un espacio bonito, sino el lugar en el que imaginábamos nuestro día.
Desde el primer momento, Isabel, que fue quien nos atendió, fue un encanto. Todas nuestras peticiones eran un “sí” y siempre encontramos facilidades para todo. Después, Neus fue quien nos acompañó durante todo el proceso, ayudándonos paso a paso a dar forma a cada detalle de la boda, organizando el timing y haciendo que todo estuviera preparado para que nosotros solo tuviéramos que disfrutar. En todo momento nos sentimos acompañados y con la sensación de que estábamos en buenas manos. Ellas se encargaron de guiarnos durante todo el camino y de tenerlo todo bajo control hasta que llegó el gran día.
Y llegó el gran día, y nos demostraron, una vez más, todo lo que ya nos habían transmitido durante los meses anteriores: profesionalidad, dedicación y, sobre todo, mucho cariño por el trabajo que hacen.
Cada detalle estaba cuidado al milímetro. Desde los espacios hasta la comida, el servicio y la organización. Nuestros invitados quedaron encantados y no dejaron de decirnos lo bonito que era todo y lo bien que habían comido y sido atendidos.
Ese día, Joana estuvo con nosotros y no podemos estar más agradecidos. Nos hizo sentir súper tranquilos desde el primer momento. Estaba pendiente de nosotros, nos cuidaba, nos preguntaba cómo estábamos y, al mismo tiempo, tenía absolutamente todo bajo control. Era esa sensación de saber que podíamos disfrutar de nuestro día sin preocuparnos de nada porque alguien estaba pendiente de que todo saliera como tenía que salir.
Uno de mis momentos favoritos, y probablemente uno de los más emocionantes de todo el día, fue poder cumplir mi sueño de recorrer el camino de cipreses de la mano de mi padre. Ese camino que había recorrido el primer día y que me había hecho sentir que Can Ribas era especial se convirtió, meses después, en el escenario de uno de los momentos más importantes de mi vida.
También recordamos especialmente la comida. Estaba exquisita y nuestros invitados todavía nos hablan de ella. Pero más allá de cada plato, lo que nos llevamos es la sensación de haber vivido un día cuidado en todos los sentidos: bonito, emocionante, tranquilo y lleno de momentos que vamos a recordar siempre.
Si tuviéramos que volver a elegir dónde casarnos, volveríamos a entrar por aquel camino de bosque, volveríamos a caminar entre los cipreses y volveríamos a elegir Can Ribas sin pensarlo«.
Gracias, siempre, novios de Can Ribas.















